lunes, 18 de febrero de 2013

TELEVISIÓN EN COLOMBIA: De la Entidad Autónoma, -CNTV-, a la nueva Agencia Nacional Estatal, -ANTV-.






Palabras de MARÍA TERESA HERRÁN en el Acto de Presentación del Libro. http://mariatherran46.blogspot.com/2015/04/television-y-estado-en-colombia-1954.html


Palabras de Presentación de FABIO LÓPEZ DE LA ROCHE. 





ANTONIO NARIÑO, LOS LIBERALES RADICALES, LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN, LA UNIVERSIDAD EXTERNADO DE COLOMBIA Y EL LIBRO TELEVISIÓN Y ESTADO EN COLOMBIA

Palabras del Profesor Juan Carlos Garzón Barreto,
Premio Nacional de Educación 1998,
En el Acto académico de presentación del libro:
“TELEVISIÓN Y ESTADO EN COLOMBIA 1954 – 2014”
28ª Feria Internacional del Libro
Corferias. Salón León de Greiff
Abril 27 de 2015

En una página del pensamiento emancipatorio de este continente. Página hermosa denominada “Nuestra América”, escribió el Poeta José Martí que: “Los pueblos han de tener una picota para quien los azuza a odios inútiles; y otra para quien no les dice a tiempo la verdad”.

Al haberse cumplido 60 años de la inauguración de la televisión en Colombia, quiero cumplir con el deber ciudadano, profesional y académico de decir a tiempo mi verdad.

El libro: “TELEVISIÓN Y ESTADO EN COLOMBIA 1954 – 2014. Cuatro Momento de Intervención del Estado”, cuya elaboración me tomó 10 años, hoy conoce la luz, gracias a la generosidad de los Abuelos Radicales, quienes en las propias Galerías de la Plaza de Bolívar, fundaron la Universidad Externado de Colombia, entre otros, con el propósito de hacerle frente a la oscuridad reinante en los días aciagos en que el absolutismo y La Regeneración quisieron imponer su visión unilateral del mundo. “Después de las tinieblas espero la Luz”.

De tal suerte que este libro TELEVISIÓN Y ESTADO EN COLOMBIA, no es otra cosa que un acto de coherencia histórica con el compromiso profundo y sincero que otrora adquirieron los liberales radicales por la defensa de la libertad de expresión, y de los preciosos principios de libertad, igualdad y fraternidad.
En mi caso personal, esta historia tiene detrás otra historia. Hace casi tres lustros, mientras participaba en las tareas oficiales para elaborar el Primer Plan de Desarrollo de la Televisión en Colombia, resentí personalmente la ausencia de un trabajo panorámico de investigación que diera cuenta del proceso de intervención del Estado en la política de televisión en el país. Allí nació esta idea.

Rápidamente, al despuntar el año 2002, emprendí la elaboración de un trabajo de investigación con ocasión de la coyuntura de los 50 años de la televisión en Colombia, el cual no interrumpí desde entonces, incluso en las tres ocasiones en que, a lo largo de una misma década, me declararon laboralmente insubsistente en la difunta Comisión Nacional de Televisión, CNTV.

Por fortuna para mí, desde aquellos tiempos azarosos, la Universidad Externado de Colombia, me abrió sus puertas en calidad de estudiante y luego como docente – investigador; convirtiéndose esta Casa de Estudios, en un albergue intelectual propicio para mis preocupaciones académicas.

De otra parte, en aquellos tiempos y ahora, caminando al lado de los pueblos indígenas, aprendí sobre las bondades de la humildad, la paciencia y la confianza como caminos de la sabiduría, situación que me permitió trabajar sistemáticamente y sin apuros en el desarrollo de la investigación, durante una década más, hasta el día en que conocí El Paraíso, en las tierras de Clan Apshana, sangre del pueblo Wayuu.

De allí que el libro que hoy se presenta, soportado en abundantes fuentes primarias y secundarias, examina el proceso de construcción de las relaciones entre Televisión y Estado en Colombia, y las diversas intentonas de democratización del servicio en el país.

En materia de política de televisión, Colombia no puede seguir siendo un país en el cual cada vez que las condiciones tecnológicas, las prioridades o las demandas de sectores del mercado, las coyunturas políticas y/o sociales, empujan una nueva reforma del marco institucional y legal del sector; pareciera ser que los análisis, los debates y los procesos de construcción de institucionalidad pública, se abordan con el complejo de Adán como si asistiéramos al nacimiento del mundo, en ausencia de memoria institucional y de balances históricos y administrativos de mediana y de larga duración.

En ese contexto de falta de memoria institucional sobre nuestra política de regulación de medios, es donde rondan y pelechan aquellos que al margen del sano espíritu democrático o que al amparo de las indefinidas puertas giratorias entre lo privado y lo público, hacen apropiación o captura de específicas agencias del Estado para sus fines particulares, en contravía de los intereses generales o del proyecto democrático y productivo de la nación colombiana.

En tal sentido, el trabajo que hoy presentamos , buscó develar los argumentos, las tensiones, las expectativas, las ansiedades, los mandatos oficiales, las tareas pendientes, y los ocasionales consensos suscitados entre los diversos agentes sociales, públicos y privados, con interés e intereses en la televisión nacional.

Se propusieron cuatro momentos históricos concretos de intervención del Estado en el servicio, a saber: Decretar, Legislar, Constitucionalizar y Regubernamentalizar Televisión.

Finalmente, la investigación planteó que las seis décadas de control oficial y particular de la televisión colombiana, pueden ser auscultadas apelando a cinco claves para la interpretación de un modelo institucional insepulto.

Ya los lectores sabrán decir si he logrado mi propósito y/o si tales presunciones de verdad resultan convincentes. Por ahora,  quisiera detenerme en el sentido histórico e institucional del trabajo académico que aquí nos reúne.

Dicho de otro modo: ¿Qué significa este libro en el marco de los orígenes, proyecto educativo, y compromiso histórico que por la defensa de la libertad de expresión tuvieron los fundadores del Externado?

Hoy nos convoca la Facultad de Comunicación Social – Periodismo, unidad académica que continua fiel a los más vernáculos orígenes de Universidad Externado de Colombia, y a la vena periodística, comunicativa y pedagógica de su Fundador, el Doctor Nicolás Pinzón Warlosten, quien fue redactor en el periódico La República en 1887, en el periódico El Liberal en 1879, y en el Semanario La Reivindicación del Socorro - Santander, entre 1881 - 1882.

El próximo 15 de febrero de 2016 se cumplirán 130 años de la fundación de la Universidad Externado de Colombia, y trece décadas de la expedición de la hoy por fortuna difunta Constitución Política de 1886. Dale Señor el descanso eterno.

En febrero de 2016 se cumplirán 40 años del día en que bajo la orientación del Maestro José de Recasens, se llevó a cabo la creación de nuestra Facultad de Comunicación  Social – Periodismo. Brille para ella la luz perpetua.

El Maestro Gonzalo Cataño describe a Nicolás Pinzón como un periodista responsable, al contarnos que en el año 1879, ante la toma de toldas partidistas, a favor del General Tomás Rengifo, por parte de sus compañeros del periódico El Liberal; el fundador del Externado expresa enfáticamente: “antes que radical soy liberal, y antes que liberal soy colombiano” [1]. De estos maestros aprendimos que una cosa son los órganos y las estructuras partidistas, y otra muy distinta es el sentimiento liberal.

Esta tradición académica y periodística fue igualmente cultivada, entre otros, por los Profesores Externadistas: Santiago Pérez, Salvador Camacho Roldán, Aníbal Galindo, Ricardo Hinestrosa Daza cofundador de la Revista Contemporánea, y Diego Mendoza de quien antecede escribía para el periódico El Relator en el año 1891.

Así, en los días oscuros en que los agentes de La Regeneración proclamaban que “la imprenta es incompatible con la obra necesariamente larga que tenemos entre manos”, el Profesor Externadista Santiago Pérez, Presidente de Colombia entre 1874 y 1876, quien murió modestamente en Europa, al ser desterrado del país “a causa de sus enérgicos pronunciamientos en defensa de las libertades conculcadas”, entre ellas, la libertad de prensa, escribió:

“El poder ejecutivo no querrá prolongar el pugilato en que ha estado empeñado cada día con cada escritor (…) Comprenderán que la persecución oficial a un periódico, es el mejor medio de anunciarlo (…) Comprenderán que los editoriales denunciados son los que nadie se queda sin leer (…) No hay mordaza ni tan grande ni tan fuerte que pueda a un mismo tiempo hacer callar a todos los colombianos”. [2]

Abuelos radicales del siglo XIX, todos aquellos, cultores de la vocación docente del liberalismo, a quienes expreso mi gratitud por haber fundado una Universidad que hoy me permite estar delante de ustedes, ejerciendo el derecho a decir mi palabra.

Ello se debe a que este espíritu de libertad y de tolerancia, emana de las batallas que por la democracia emprendió el liberalismo radical en los mediados del siglo XIX colombiano.

Ciertamente, en mayo de 1863, los redactores de la Constitución de Rionegro, tal vez queriendo emular la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, recordaron que los Revolucionarios Franceses escribieron, el que es mi sentir personal, uno de los textos legales más hermosos de la historia de la humanidad: “la libre comunicación del pensamiento y de las opiniones es uno de los derechos preciosos del hombre”.

En efecto, los Liberales Radicales, en la Constitución de 1863 consagraron para los colombianos y las colombianas: “La libertad absoluta de imprenta y de circulación de los impresos, así nacionales como extranjeros” y la “La libertad de expresar sus pensamientos de palabra o por escrito, sin limitación alguna”.

La Constitución Regeneradora de 1886 nos usurpó esas libertades durante un siglo, hasta la expedición de la hoy Constitución Política de 1991, la cual por fortuna volvió a consagrar: NO HABRÁ CENSURA” en Colombia.

Esa fue una de las batallas por las cuales Don Antonio Nariño ofrendó su vida a la patria, entregando dos décadas de su libertad, sus bienes y su tranquilidad personal, por la causa suprema de los derechos del hombre y del ciudadano.

Nicolás Pinzón Warlosten, a propósito del soneto a Don ANTONIO NARIÑO, escribió un texto que hoy conserva toda su vigencia histórica:

“¡Oh grande entre los grandes el primero!
Descanza (sic) en paz: tu patria te ha olvidado.
No hay nada para ti; todo está dado…
¡Oh tribuno, ¡oh filósofo! ¡oh guerrero!

…en esta vil generación de enanos
Ya no alienta tu espíritu sublime,
¡Ni hay mano digna de esculpir tu nombre! [3]

Por esa razón, en esta noche, recordando las palabras del Profesor Nicolás Pinzón, fundador de la Universidad Externado de Colombia, con toda mi devoción personal por la libertad de expresión, QUIERO DEDICAR EL PRESENTE TRABAJO ACADÉMICO, a la Memoria de Mi General ANTONIO NARIÑO, el generoso hombre de empresa, el arquitecto de nuestra nacionalidad, el centinela de la libertad de expresión.

Agradecido, rindo homenaje al Ciudadano Antonio Nariño, en el 250 aniversario de su natalicio, efemérides cumplida el pasado abril 9 de 2015.

Con este trabajo, igualmente, quiero recordar la grata presencia de Don GUILLERMO CANO ISAZA, el señor periodista de la pluma que se parte pero no se dobla. Y naturalmente, deseo exaltar la obra y la memoria del Doctor FERNANDO HINESTROSA FORERO, el maestro que nos enseñó a empuñar las armas de la razón. El Rector Magnífico del Externado de Colombia.

No me cabe duda que estos ciudadanos son maestros de las empresas y de las imprentas patrióticas. Estos si son colombianos de todos los tiempos y para todos los tiempos. Ejemplos vigentes de rectitud moral y de firmeza de carácter.

Por tal motivo, en este evento, me he tomado el respetuoso atrevimiento de invocar e invitar a mi General Antonio Nariño, a los Abuelos del Liberalismo Radical, a Don Guillermo Cano Isaza,  al Doctor Fernando Hinestrosa Forero, y a todos Ustedes por supuesto, para que concurran a este acto de presentación de mi trabajo académico.

Como Gentes de Universidad, tengo la convicción profunda de poder exaltar delante de nosotros y de las nuevas generaciones, a estos ciudadanos defensores de la libertad de expresión, con el único propósito pedagógico de que iluminados en sus ejemplos de vida, nunca olvidemos que existe otra forma honrada y decente de ser colombianos.

Con la presentación de este libro, dejó sobre la mesa mi aporte personal, el cual evidencia el compromiso de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo de la Universidad Externado de Colombia, para mantener siempre vivo el fuego de la libertad de expresión que en este suelo encendieron don Antonio Nariño y los Abuelos Radicales.  

Muchas Gracias!!!






[1] Cataño Gonzalo. (1999). Historia, sociología y política. Serie Educación y Cultura. Plaza & Janes Editores Colombia S.A. Bogotá. Pp. 178 -181. 
[2] Tomado de Santiago Pérez, Selección de Escritos y Discursos, Publicación de la Biblioteca de Historia Nacional. Volumen LXXXI, 1950. Archivo de la Biblioteca Nacional. Texto publicado por España Gonzalo. Compilación y Prólogo. (1984). Los radicales del siglo XIX. Escritos Políticos. El Áncora Editores. Bogotá.  pp. 141 -143.  
[3] Cataño Gonzalo. (1999). Historia, sociología y política. Serie Educación y Cultura. Plaza & Janes Editores Colombia S.A. p. 182.  (La Lira nueva – pp. 277-78).






jueves, 24 de enero de 2013

"HAGAMOS MEMORIA". El centenar de ediciones del periódico de la CUT, la Declaración de Chapultepec sobre la libertad de expresión, y los medios sindicales como herramientas de memoria de la Ciudad.





Mientras el equipo de trabajo, columnistas y colaboradores del periódico de la Central Unitaria de Trabajadores de Colombia -CUT-, Subdirectiva Bogotá–Cundinamarca, preparan la edición No. 100 del periódico de la Central Obrera más grande del país; se reúnen en las instalaciones del periódico El Tiempo, el Presidente de la República, Gobernadores y Alcaldes del país, a instancias del Presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa -SIP-, Jaime Mantilla, del diario Hoy, de Quito (Ecuador), y Roberto Pombo, Vicepresidente de la Comisión de Chapultepec de la SIP, para suscribir la Declaración de Principios de Chapultepec sobre las Libertades de Expresión y Prensa.

Esta Declaración, fue adoptada por la “Conferencia Hemisférica sobre Libertad de Expresión”,  celebrada en México, D.F., el 11 de marzo de 1994, en la cual participaron “líderes políticos, escritores, académicos, abogados constitucionalistas, directores de periódicos y ciudadanos de toda América”.

La redacción política del periódico anfitrión del evento, elaboró una síntesis del decálogo de la Declaración de Principios de Chapultepec, a saber: “1). No hay personas ni sociedades libres sin libertad de expresión y de prensa. 2). Toda persona tiene derecho a buscar y recibir información y a expresar opiniones. 3). Las autoridades deben estar legalmente obligadas a poner a disposición de los ciudadanos la información del sector público. 4). Todo acto de violencia contra periodistas o medios de comunicación debe ser investigado con prontitud y sancionado con severidad. 5). Toda censura u obstáculo al libre flujo informativo se oponen a la libertad de prensa. 6). Los medios de comunicación y los periodistas no deben ser objeto de discriminaciones o favores por lo que escriban. 7). Las políticas arancelarias y las licencias no deben usarse para castigar a periodistas. 8). La incorporación de periodistas a asociaciones debe ser voluntaria. 9). La credibilidad de la prensa está ligada al compromiso con la verdad. 10). Ningún medio de comunicación o periodista debe ser sancionado por difundir la verdad o formular críticas o denuncias contra el poder público”.

En realidad, el singular acontecimiento de completar cien (100) ediciones ininterrumpidas del periódico de la Subdirectiva Bogotá–Cundinamarca de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT, constituye un importante hito en la construcción de la memoria de la Ciudad, allí donde la fuerza sindical del Distrito Capital, sostiene erguidas las banderas del Movimiento Sindical, esa otra indiscutible “Tribu Urbana”, permanente y sistemáticamente, invisibilizada o estigmatizada, por no pocos amanuenses de la historiografía oficial.

Así, en el día de hoy, y a propósito de las cien (100) ediciones del periódico de la CUT, debemos reconocer el esfuerzo -a veces Quijotesco- de los equipos sindicales de medios, los cuales  mantienen abiertas otras ventanas para el ejercicio de la libertad de expresión, y la divulgación de la opinión disidente, principios democráticos que se invocan desde la Declaración de Chapultepec.

Esta prensa sindical del Distrito Capital, además de visibilizar las aspiraciones, las luchas y las reivindicaciones de los habitantes de la otra orilla de la estructura social, permite hacer el merecido y justo reconocimiento de nuestra dirigencia social, comprometida con el trabajo decente, y la construcción del proyecto democrático y productivo de la nación colombiana.

Medios de prensa como el “centenario” periódico de la CUT, Bogotá–Cundinamarca, constituyen una importante fuente para la documentación y escritura de otras dimensiones de la historia no convencional de la ciudad Capital.

A propósito, y para sólo citar un ejemplo, “hagamos memoria”, refiriéndose a los acontecimientos del 20 de julio de 1810, en la ciudad de Bogotá, el Maestro Indalecio Liévano Aguirre, en esa monumental obra: “Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia”, nos recuerda la manera como, en los propios orígenes de la república, los medios y sus escribas oficiales, castigan con el látigo del desprecio y la indiferencia, a los voceros auténticos de los intereses de las mayorías:  

“El desequilibrio que estaba deteriorando, minuto a minuto, la posición de Acevedo en el Cabildo, fue contra pesado, inesperadamente, por la participación de nuevas fuerzas en el conflicto, gracias a la actividad política de un hombre extraordinario, del verdadero prócer del 20 de julio, de José María Carbonell, a quien nuestra historia oficial ha tratado de arrinconar en los modestos desvanes que se reservan para los personajes de secundaria importancia. Nada tiene ello de sorprendente, porque esa historia sólo ha otorgado el apelativo de “prócer” a los servidores sumisos de la oligarquía, y para los defensores del pueblo y los voceros de sus intereses, ha reservado invariablemente los calificativos de “demagogos”, “agitadores” y “tiranos”.

En un país, en el cual siguen pendientes las reparaciones individuales y colectivas al movimiento sindical, y existe una inmensa necesidad de que “hagamos memoria”, como acertadamente andan diciendo en el Canal Público de la Ciudad, sería deseable que, la Dirección del Archivo de Bogotá, tuviera entre sus fuentes de memoria de la ciudad, y al servicio de la academia y la ciudadanía, los cien (100) ejemplares del periódico de la CUT, porque éstos leen y hablan la ciudad, desde la cotidianidad y la perspectiva de la Tribu Sindical Urbana.

Para efectos de materializar iniciativas de esta naturaleza: “Fuentes para la Memoria y la Historia de la Ciudad”, en la actualidad, el Distrito Capital, cuenta con herramientas como el Decreto Distrital 212 de 2009, el cual adopta el “Modelo de Estudios, Investigaciones Académicas y Apropiación Pedagógica - Social del Archivo de Bogotá” que, entre otros, se encamina a la “definición, acopio, conservación y puesta al servicio público de las fuentes bibliográficas y documentales para la historia de la ciudad, en sus diversos períodos”.

Estas fuentes periodísticas alternativas, singular esfuerzo de medios del movimiento sindical, representan a la vez, una página de la lucha por la libertad de expresión en Colombia, y una bitácora para la historia de las bregas sociales de los ciudadanos que se agolpan en las centrales obreras.  

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA EDICIÓN No. 100 del Informativo de la Central Unitaria de Trabajadores de Colombia -CUT- Subdirectiva Bogotá - Cundinamarca.